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SAMOA 28

La Plata-Riachuelo-Colonia-La Plata, 6-11 de enero de 2009
Daniel D’Angelo

Teníamos planeado hace un tiempo hacer unas mini-vacaciones a bordo del Sirius en Riachuelo-Uruguay para las cuales emplearíamos 6 días. Como seria la primera vez que estaríamos tanto tiempo en el barco, fuimos preparándolo de acuerdo a lo que consideramos necesario.
La idea era partir el martes 6 de enero antes del amanecer para navegar un poco de noche pero la carga de las provisiones, agua, bote auxiliar (el Siriusito), reposeras, sombrilla, juguetes y bicicletas llevo mas tiempo del pensado y acabamos partiendo a las 8 de la mañana. El auto fue lleno a full de cosas y dentro del barco ni se notaba donde estaban!!...es mas…sobraba muchísimo espacio, ocupamos el 10% de la capacidad de estiba!!

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Con el waypoint de la boya de recalada de Riachuelo cargado en el gps hicimos un rumbo directo  aunque nos costaba creer lo que nos mostraba la ruta ya que no conseguíamos ver la entrada al Riachuelo aun con binoculares!
La navegación fue muy tranquila y a vela todo el tiempo solo apoyándonos en el motor al llegar a la costa uruguaya que, como de costumbre al mediodía, carece de viento.
Cuando tuvimos la boya de recalada a la vista, pusimos proa al viento, bajamos las velas y entramos tranquilamente a motor por el estrecho canal franqueado por dos escolleras de piedra.

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A medida que avanzábamos observamos que el lugar estaba muy concurrido llegando a contabilizar mas de 90 embarcaciones, la mayoría de ellas veleros. Saludamos a un par de barcos conocidos y continuamos rumbo al muelle de madera para dejar los papeles en la prefectura uruguaya y de paso conocer un poco el lugar. Luego retornamos y nos fondeamos cerca de la entrada al Riachuelo, amarrados por proa a un árbol y por popa con dos anclas. Después de terminar con el fondeo, coloque la carpa para tener sombra y Carina preparo el almuerzo.

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Riachuelo es un lugar al que hay que ir si o si con un auxiliar. Como no teníamos otra opción llevamos al Siriusito y un remo tipo kayak, lo cual hacia aun mas “pintoresca “ nuestra presencia en la zona. Florencia en la proa, Carina en la popa, yo en el medio remando, mas sillas, sombrillas juegos de playa y bolso era digno de ser visto!!. Así remando hasta la punta de la escollera y luego retornando hasta la costa, desembarcamos en una playa de arena llena de gente y con un paisaje de ensueño: en el agua varios veleros fondeados y a nuestras espaldas un bosque de pinos y cipreses que convidaban a internarse bajo su sombra.

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Cuando estaba terminando de bajar las cosas de mi “auxiliar” se me acerco un muchacho preguntándome si este “había sido más fácil de construir que el 28 pies”. . Me sorprendió que estuviera al tanto de la construcción, de la cual se había enterado por una nota en la BAB que contó como había sido la historia del Sirius. Después de conversar un rato del tema comenzaron las mini-vacaciones en la playa, jugando bastante con Flor en la arena y tomando baños en el río, donde el agua es mucho mas clara que de nuestro lado. El día estaba muy caluroso y el agua tenía una temperatura agradable, así que nos pasamos la mayor parte del día en el río.
A las playas de Riachuelo solo se acceden por barco, así que las personas dejan todas sus cosas ahí mismo (sillas, sombrillas, optimist, tablas de windsurf, etc…),  en completa tranquilidad, sabiendo que nadie ira a tocarlas. En los tiempos que corren esto me pareció fantástico, así que también dejamos nuestras cosas allí mismo y de paso darle un poco mas de espacio al Siriusito!
Riachuelo cuenta con baños públicos y duchas con monedas, por lo que habría que ir hasta el otro extremo para bañarse, cosa nada difícil teniendo un auxiliar con motor, pero a remo la cosa se complica bastante ya que eran mas de 2 km solo de ida. Como el Sirius tiene una bomba presurizadora de agua, desconecte el extremo que va hacia la canilla del lavatorio del baño y coloque una manguera con una pistola regadora de jardín. Con la carpa de sombra colocada mas una cortina de baño, nos bañábamos directamente en el cockpit, yo con el agua fría de los tanques y Carina y Flor con agua caliente de una ducha solar (bolsa negra con agua calentada por el sol) que había comprado por las dudas. En 30 minutos estábamos los tres limpitos y perfumados, listos para cenar, sin esperar por las largas colas que se formaban en las duchas de tierra!!
Durante la primera noche y la madrugada del día siguiente se manifestó un pampero (viento muy fuerte del SW) que me dejo muy nervioso ya que los dos anclas que había lanzado por popa habían garreado por no haber previsto viento desde este cuadrante. Solo presos por proa, el viento nos hizo bornear tirándonos hacia la costa. Sin poder dormir por causa del ulular del viento y por sentir cada tanto el golpe seco del quillota contra el fondo, decidí salir a acomodar el barco. Avise a Carina que estaba saliendo y con el chaleco de seguridad puesto, cobré las dos anclas garreadas, las subí al Siriusito y reme hasta el medio del riachuelo para lanzarlas. De vuelta en el Sirius espere a que las anclas hicieran cabeza  y comencé a sacar al barco de esa incomoda posición. De a poco quedamos transversales al riachuelo y libres del golpeteo en el fondo. Ahora si a dormir, no sin antes tratar de descubrir de que se trataba el ruido de “raspado” que se escuchaba dentro del barco. Aparentemente eran peces que estaban comiendo las algas adheridas al fondo, los cuales nos acompañaron con su serenata todas las noches que estuvimos fondeados.

La mañana siguiente amaneció como si nada hubiese acontecido durante la noche. Un cielo despejado con un sol abrasador presagiaba un día de playa fabuloso. Pero antes del placer, le dedicamos un tiempo a fondear mejor al Sirius, ahora con dos cabos cruzados por proa y las dos anclas de popa bien abiertas. Como la tarea nos llevo bastante tiempo y la temperatura iba en aumento decidimos quedarnos a almorzar abordo y después ir a la playa en donde pasamos otra tarde genial, terminando con una caminata por el bosque de cipreses, hasta llegar a una zona de dunas, planeando continuar al día siguiente pero en bicicleta. De vuelta al Sirius, ritual del baño, cena y a la cama.

Por primera vez dormimos hasta muy tarde y entre desayuno y fiaca se hizo próximo el mediodía. Para no hacer grandes desplazamientos, decidimos ir a la playa del este, que nos quedaba mas cerca ya que queda del lado de donde estaba la proa del barco o sea escasos 10 m. Después queda un trecho de 300 m que se hacen caminando. Allí no había absolutamente nadie. La playa entera para nosotros. Todavía no descubrimos porque la gente de los barcos no la usa. Es una playa extensa, limpia, con la arena bien compacta ideal para jugar al fútbol o a la paleta. Aprovechamos para caminarla en toda su extensión y disfrutar un poco del agua. Cuando pinto el hambre volvimos al barco, no sin antes intentar fotografiar un lagarto de considerable tamaño que había visto la mañana anterior y que al aproximarnos salio huyendo sin dejarse fotografiar.

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A la tarde cancelamos la ida en bicicleta a las dunas y nos quedamos en la playa con el resto de la gente. Después del baño decidimos ir hasta el muelle para comprar hielo, ya que las botellas con agua congelada que habíamos traído ya estaban derretidas. Así salimos los tres cambiaditos abordo del Siriusito, remando los 2 km que nos separaban del muelle y para peor con viento en contra. Por suerte tenia a Flor en la proa que me cantaba canciones para darme fuerza y seguir remando. Cuando al fin llegamos dejamos paga una barra de hielo y nos fuimos caminado hasta la granja Arenas que queda a 17 cuadras del muelle, en donde hacen comidas a pedido además de vender numerosos productos artesanales y contar con un museo de artículos insólitos: lápices, llaveros, latas de aluminio, ceniceros, tarjetas de teléfono, frascos de perfume, etc…algunas de estas colecciones detentan record Guinnes. Volvimos al muelle, retiramos la barra de hielo y de nuevo al Siriusito, remo mediante retornamos a nuestra casa flotante, esta vez con viento a favor. Esa noche la cena fue una degustación de los quesos y salames comprados en la granja, acompañados por un buen malbec. Dormimos como los dioses!

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Al otro día bien temprano cargue las dos bicis en el botecito y las cruce hacia la playa desde donde luego intentaríamos llegar a Colonia por un camino de tierra (12 Km). Una vez mas el Siriusito se porto de maravillas, ahora haciendo las veces de “carguero”. Después de un buen rato en el agua decidimos salir a pedalear un poco, aun con el fuerte sol que había, internándonos en la sombra del bosque de cipreses. Anduvimos unos 4 Km cuando a Carina se le corta la cadena de la bicicleta. Como teníamos un cabo a mano, continua llevándola a “remolque” con la mía hasta que se nos termino el camino debido a la presencia de un portón de estancia el cual estaba cerrado con candado.

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Vuelta a la playa y ya con hambre intente llegar hasta el muelle de madera con la bicicleta a través de una senda abierta por las vacas, pero no lo conseguí ya que en partes era tan cerrado que se hacia imposible atravesarlo.
Esa noche y organizado por los dueños de otro barco (el Victoria) se hizo una “pirateada” la cual consistía en reunir a todos los chicos de los barcos en los auxiliares y, disfrazados como piratas,  abordar los barcos que se hubiesen inscripto para intentar encontrar “el tesoro”. Flor con su parche pirata salio junto con más de 30 chicos a la búsqueda de los numerosos tesoros que escondían los barcos. El Sirius fue abordado y su tesoro (marcado con un “X”) saqueado con todo éxito. Así transcurrieron casi dos horas entre saqueos y posterior reparto del “botín”, retornando finalmente cada niño a su barco para descansar y comentar su “aventura”.

Los dos últimos días los habíamos dejado para pasarlos en Colonia y de paso premiarnos con una buena cena en un restaurante, así que ni bien me desperté, comencé la maniobra para despedirnos de Riachuelo y zarpar hacia allá. Casi 5 millas separan los dos puntos así que por el escaso viento de la mañana  debimos apoyarnos en el Yanmar como para no llegar después del mediodía y hacer la navegación más placentera sin tanto calor. Al llegar al puerto de Colonia vimos que estaba casi lleno, con solo un par de lugares libres al borneo, así que como estábamos con “auxiliar”, nos tomamos de una boya para estar más tranquilos sin hacer tanta maniobra para intentar “encajar” a la fuerza al barco en el muelle. Almorzamos abordo y descansamos un poco a la sombra de nuestra carpa, para después hacia la tarde desembarcar con las bicicletas y recorrer un poco la ciudad llegando hasta la playa Ferrando para refrescarnos un poco. Después del baño y la contemplación de la puesta del sol, nos fuimos a cenar a un restaurante para sacarnos las ganas de comer cosas ricas que no se pueden hacer en el barco. De vuelta para el Sirius, helados en mano y a dormir, los 3 muy cansados.

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Desperté temprano y fui a tierra a dejar los papeles en la prefectura y de paso comprar algo para el desayuno, el cual tomamos abordo. Decidimos ir a caminar un poco por la ciudad y hacer tiempo hasta el mediodía para almorzar en Colonia antes de zarpar para La Plata, lo cual hicimos a las 15hs. Izamos la vela mayor aun amarrados en la boya y junto con el motor salimos navegando ni bien nos soltamos de nuestra amarra. Luego de franquear el faro Santa Rita desplegamos todo el genoa y pusimos rumbo a casa. El viento estaba soplando del sur a 15-20 nudos lo que, juntamente con la dirección de la corriente de marea, nos hacia derivar alejándonos de nuestro rumbo ideal. A las 2 millas navegadas ya estábamos dando un borde para corregir este desvío y ganar todo el barlovento posible para no tener que hacer otro mas adelante. Navegábamos a 5,5 nudos de promedio ciñendo lo máximo que podíamos, con el viento cada vez mas intenso y las olas aumentando de tamaño, cuando hacia sotavento vemos aproximarse como un fantasma envuelto en spray  un barco rápido de Buquebús volando  hacia nosotros en rumbo de colisión. Carina, asustada, me pidió virar y salirnos de nuestro rumbo, pero yo estaba seguro que por la velocidad que traía nos iba a cruzar la proa a una distancia segura. Así fue que el “monstruo rugiente” paso a unos 100 m a nuestra frente, lo suficientemente cerca como para dejarnos bien asustados imaginando cosas peores.
Al llegar a la rada del puerto llena de barcos fondeados, nos obligo a dar bordes para no estrellarnos contra los que estaban en nuestro rumbo. Aquí la situación del río estaba cada vez peor con olas muy grandes y desordenadas además del viento que ya soplaba a más de 25 nudos. De repente vemos a un petrolero que comienza a moverse y a esquivar a sus compañeros fondeados, el cual se iría a cruzar con nuestra ruta pero la diferencia con el anterior encuentro era lo errático de su curso. Además no sabíamos si este gigante nos había visto, así que encendí el motor por precaución para escaparnos en caso que modificara su curso. Pasado el nuevo susto solo nos quedaba un barco para esquivar y al fin entrar en las farolas del puerto. Cuando al fin llegamos y como es costumbre, las olas llegaban de todos los ángulos posibles. Aun con el viento sur, las olas las recibíamos de popa, surfeando las mas grandes llegando a unos 8 nudos de velocidad.
Como despedida y antes de entrar al rompeolas de piedra, una ola nos golpeo de costado “bañándonos” a los tres de pies a cabeza. Dimos el aviso de llegada tanto a la prefectura uruguaya como a la argentina y nos dirigimos a nuestra amarra en el astillero Martinoli, en donde bajamos todos las cosas que habíamos llevado y, después de un beso de agradecimiento por los días vividos y la vuelta a casa en seguridad, dejamos al Sirius hasta la próxima salida.

Pulse aqui para saber más sobre la clase Samoa 28.


Samoa 28 Sirius. Nace una nueva estrella.

Samoa 28 Sirius

El cinco de Octubre, 2008, a las diecisiete horas fue inaugurado Sirius, el primer Samoa 28 a ser concluido. Su dueño, el más feliz de los constructores amateurs, Daniel D’Angelo, recibió sus amigos, así como otras personas que acompañaron su saga de tres años de trabajo, para participar de la conmemoración por la botadura de su recién-nacida creación.

Daniel invitara a mi y a my socio y yerno Luis Gouveia para pasar el weekend en su casa y participar de la fiesta, el que nos gustaría mucho poder estar allá. Al fin ese sería un día muy importante para la clase Samoa 28, el día de la botadura del primer barco de esa nueva clase a navegar, pero las mil doscientas millas que me separaban y las cinco mil quinientas que separaban Luis, más otros compromisos, nos impidieron de ir.

Sin embargo, a las cinco en punto envié un e-mail a Daniel, le felicitando por el evento y deseándole mucha suerte.

Claro que no esperaba respuesta alguna por aquella noche, total que Daniel ya tendría tomado algunas tazas de vino y champagne más del que esté acostumbrado, pero cual no fue mi sorpresa al recibir un e-mail con lindas fotos del Sirius, asi como de la fiesta de la botadura. My amigo y representante en Argentina, Adrián Callejón, no se olvido de mi, y envió ese mensaje:

Le cuento que ayer fue la botadura del Sirius de Daniel.
El barco quedó espectaculaaaarrrr !!!!!! Una obra de arte, magnifico.
Acá le dejo el link de algunas fotos del evento y un video de la rotura de la botella.
La verdad que muy lindo momento.
FELICITACIONESSS, tienen un barco más en el agua.

El Lunes Daniel me contestó mi e-mail diciendo que me mandaría fotos de la botadura. Para su espanto le dice que también las tenía para enviarle, pues nuestro servicio de inteligencia yo me lo había enviado. Bueno, ese es solamente el comienzo de la noticia de la botadura. La historia completa vendrá a seguir.

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Samoa 28 Sirius “vuela” por la primera vez.

Samoa 28 Sirius

Daniel D’Angelo, el constructor amateur del Samoa 28 Sirius, ya sacó su barco del jardín de su casa en Buenos Aires, donde lo construyó. Luego el barco será conducido a un astillero profesional para pintura y terminación final. En su site Daniel publicó la noticia sobre la operación de sacar el barco de su jardín para la vereda de la carretera junto a su casa.

Sigue abajo la nota que Daniel escribió:

Llegó el día de sacar el Sirius de casa. Como viene siendo costumbre en esa última etapa, Murphy y sus leyes se hicieron presentes una vez más; el transportista canceló su venida con el trailer. Como la grúa ya estaba pedida, lo vamos a tener que dejar dos días en la vereda.

Afortunadamente el “Chavo” y sus muchachos estaban cerca y nos dieron una mano valiosísima para guiar la maniobra. Ellos habían sido los que dieron vuelta al casco y no habian vuelto a ver hasta hoy.

Finalmente lo dejamos apoyado en el suelo para mayor seguridad. Después se verá como se sube al trailer.

Después de cubrirlo completamente, pasamos la noche, mi vecino Alejandro y yo dentro del Sirius. Dos grados bajo cero fué lo que nos regaló la primer noche abordo!

Traslado Sirius

Primer casco de Samoa 28 casi concluído.
El géologo y constructor amateur Daniel D' Angelo está completando los strips del casco de su Samoa 28. Daniel vive en Buenos Aires, y por el progreso de su obra, probablemente su barco será el primer Samoa 28 a navegar.
Vea abajo la foto del casco..


AHORA SON DOS SAMOAS 28 CON SUS CASCOS CONCLUIDOS

Quien lo hizo el segundo casco fue Bernardo de Oliveira Sampaio, residente en São José dos Campos, São Paulo, Brasil. Quedamos más una vez muy impresionados por la buena calidad del trabajo ejecutado. Ahora, aplicar el tejido unidireccional sobre el strip es el más fácil, por eso esperamos que breve el casco numero dos esté volcado para arriba. Es probable testificarmos una corrida internacional para saber quién será el primero a terminar la obra y estar navegando. Ya tenemos constructores en Brasil, Argentina y Chile con varias obras caminando. Con tanto entusiasmo en tan poco tiempo, luego esa clase estará más caliente que pimienta mexicana.
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Roberto Barros Yacht Design