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Cabo Horn 35 MKII

Historia de la clase CABO HORN 35

El  Cabo Horn 35 fue uno de los más importantes proyectos de la carrera de la oficina B & G Ychat Design (Roberto Barros Yacht Design en Brasil) Los planos fueron desarrollados durante el final de la década de ochenta, cuando el studio estaba ubicado en la ciudad de Río de Janeiro, pocos años después de empezar sus actividades.

Por aquel entonces Roberto Barros, el fundador de la oficina, retornaba de un viaje a las Islas Falkland/Malvinas, cuando su barco, un velero doble-proa de fibra de vidrio construido por él mismo, se atascó en una playa deserta. Esa historia es narrada en un libro, “As fantásticas aventuras do Maitairoa”, un clásico de la literatura náutica brasileña, escrito por él y Por su amigo y tripulante Roberto Alan Fuchs. En el apéndice del libro Roberto Barros informa que tenía la intención de cambiar el Maitairoa por el entonces recién lanzado proyecto Cabo Horn 35, para ser el próximo barco de su familia. Sin embargo estaba escrito en las estrellas que eso no iría ocurrir. Una crisis económica por la cual pasó el país por esa fecha impidió que ese sueño se materializase. Pero el nuevo modelo descubrió su propio camino gracias a otros interesados. Eso se pasó tan de pronto que nos quedamos sorprendidos. Cuando aun estábamos desarrollando el proyecto recibimos la visita de dos amigos, el ingeniero químico João Carlos Muniz de Brito y el arquitecto José Feliciano. Ellos pretendían construir juntos dos Cabo Horns 35, literalmente uno por fuera del otro, el primero hecho en strip-plank/epoxy  y el otro en fibra de vidrio. Esa manera e construir, aun sea un poco fuera del común, es bastante aceptable, y en verdad resultó en dos barcos muy bien construidos, una gloria para la recién-creada clase. El único inconveniente de ese proceso es el tiempo requerido para hacer los dos cascos. João Carlos tuvo que esperar para que su amigo lijase la superficie externa de su casco antes que pudieran volcar los dos barcos. Con la cubierta se pasó el mismo. 

Cabo Horn 35 Yahgan navegando en Loreto, Bahia. Cortesía: João Carlos Brito

Mientras tanto el dentista franco/brasileño Ricardo Lepreri adquiría los planos, y no necesitando esperar que otros le permitieran seguir con su trabajo, terminó por ser el primer Cabo Horn 35 a quedarse listo. Además, su barco, el Tauá, también fue el primer a realizar un crucero internacional. Para nuestra sorpresa, tan luego el barco tuvo su botadura, Ricardo izó paños, partiendo para el Caribe, tornándose el primer Cabo Horn 35  a navegar en el hemisferio norte.

En la Martinica Ricardo recibió una propuesta casi irrecusable para vender su barco, la cual resistió bravamente. Retornando  a Brasil,  Ricardo adquirió una propiedad en Angra dos Reis con molle privativo, donde estableció una empresa de charter, teniendo construido más un Cabo Horn 35 para operar en ese servicio.Hoy en día centenas de personas ya fueron sus clientes conociendo muy bien como navega un Cabo Horn 35.

Cabo Horn 35 Tauá en Bracuhy, Angra dos Reis

Las muy comentadas aventuras náuticas del Tauá fueron el factor decisivo para la rápida expansión de la clase. En un rato la oficina empezó a recibir pedidos de los más distintos lugares del Brasil y en el exterior, y desde entonces la clase nunca más dejó de se expandir. Los dos amigos João Carlo y José Feliciano luego también terminaban sus construcciones, José Feliciano tardando un poco más para concluir su Tuareg. Entonces, con tres barcos en el agua la clase no era más una simple promesa pero si un proyecto consagrado.

Por diecisiete años consecutivos João Carlos vive a bordo del Yahgan. Durante todo ese tiempo él consideró esa opción como siendo fantástica. Cortesía: João Carlos Brito

Tan luego los planos fueron divulgados, el concepto del arreglo interno producía una grande conmoción en las personas. Mientras unos lo consideraban genial, otros la juzgaban totalmente inaceptables. Aunque no tengamos sido los inventores de la ubicación del salón en la popa, eso probablemente siendo una invención francesa, seguramente utilizada antes de nosotros por el respectado arquitecto Philippe Harlé, en Brasil nadie lo había experimentado y ese concepto era totalmente desconocido. Tal vez por el facto de esa solución ser una innovación, o quizás por su aspecto de velero de expediciones, temprano el proyecto llamó la atención de la prensa especializada, con inmediato resultado en ventas.  

Tanta popularidad puede ser consecuencia de ya haber tres barcos en el agua en muy poco tiempo, amplia cobertura por parte de las revistas náuticas y un miembro de la clase realizando un crucero impecable de ida y vuelta al Caribe, además de muchos constructores iniciando su construcción. La ascensión de la clase fue tan sorprendente que ya en los primeros cinco o seis años ya existían doce barcos navegando y otros tantos en construcción. Entonces, procurando una respuesta para el dilema de las personas amaren o detestaren el layout del proyecto, diseñamos un barco con aproximadamente la misma eslora, el Samoa 34, con la intención de hacer un marketing orientado para aquellos que no gustaban del concepto del Cabo Horn 35. La ascensión  en las ventas de ese nuevo proyecto fue proporcional a la disminución de interesados en el Cabo Horn 35.

Es fácil comprender que al ofrecer algo nuevo fuera del convencional, el camino para el suceso será más arduo. Sin embargo, fue gracias a los méritos de los Cabo Horns que ya estaban navegando que esa situación fue revertida. Cuando los barcos de la clase comenzaron a tornarse regionalmente conocidos por sus hechos, una nítida frontera se estableció entre los dos modelos: aquellos que buscaban un velero para aventuras radicales en cualquiera latitud, pasaron a optar por el Cabo Horn 35, mientras los navegadores con ambiciones más modestas, deseando principalmente navegar en aguas más temperadas o en los trópicos, preferían el Samoa 34. Una vez que ambos modelos son muy apreciados por sus propietarios, todo que hicimos desde que los dos proyectos pasaron a competir entre si fue orientar potenciales constructores para el tipo de navegación a que se proponían realizar. 

Para hacer un resumo de la historia del Cabo Horn 35 es necesario destacar los principales barcos que ayudaron a crear el prestigio que la clase actualmente posee. João Carlos conociendo como fuera  victorioso el viaje de Tauá, tenía iguales planos de uso intensivo de su barco. En un e-mail que envió en diciembre 2009, él cuenta los principales hechos que se pasaron durante los más de diecisiete años que su barco está en el agua. Mantenemos su e-mail en portugués para ser absolutamente fieles a sus palabras:

 “O Yahgan está há pouco mais de 17 anos na água e me levou nesse período com conforto e segurança em 3 viagens ao nordeste, duas a Sta Catarina e várias outras viagens curtas entre Cabo Frio e Ilhabela. Moro a bordo desde 1999 e posso lhe afirmar que o interior do Cabo Horn 35 é muito adequado a este uso intenso, seus armários acomodam facilmente roupas, peças sobressalentes e víveres, a cozinha tem um tamanho generoso e localização privilegiada e o banheiro é muito confortável. A maior parte das viagens que fiz, eu naveguei em solitário e sempre com uma abordagem bem conservadora. Apesar da minha natural insegurança, sempre tive no Yahgan a certeza da sua integridade estrutural e um conforto diferenciado para um navegador solitário. Como uso muito um piloto automático elétrico, a eficiência do leme e o balanceamento da mastreação e quilha do Cabo Horn 35 são fundamentais para uma navegação eficiente em qualquer mareação”.

Aunque el veredicto de João Carlos sea bien positivo, él es solamente más uno entre los dueños de Cabo Horn 35 a estaren contentos con sus veleros. Sin embargo, existe un Cabo Horn 35 que hay conquistado el derecho de ser considerado la celebridad de la clase por todo que se pasó con él. El barco es sin duda el Utopia, inicialmente denominado Guruçá. Ese barco fue construido en fibra de vidrio sobre un molde hembra por el amateur Fausto Pignaton en un taller de su propiedad en la ciudad de Guarapari , un balneario situado a unos doscientos cincuenta quilómetros al norte de Río de Janeiro. Sorprendentemente, como ya tenía acontecido antes con el Tauá, poco después de concluir la obra, Guruçá partió para un viaje al Caribe. Mismo siendo un iniciante en el deporto de la vela, Fausto se adapto tan rápidamente al nuevo estilo de vida que al llegar al Caribe, para mejorar sus finanzas, comenzó una actividad de charter con su barco. Como se quedó por más que un año en el Caribe, durante la estación de huracanes procuró abrigo el la laguna de la Isla de Saint Martin, estadísticamente, hasta entonces un lugar relativamente seguro. Sin embargo la suerte no estaba a su lado, pues en aquel año Saint Martin fue asolada por el huracán Louis, el más fuerte de la historia. Pero su hada madrina debe terse apiadado por él y en 900 barcos anclados en la laguna, se salvaran ochenta, siendo el Guruça uno de ellos, pasando casi incólume por la tormenta, excepto por un pequeño daño en la extremidad inferior del gobierno. Ese no fue un hecho menor. Como dice el dictado: barcos de madera (en su caso de fibra de vidrio), hombres de acero.

A despecho de que las autoridades locales tuviesen ordenado la evacuación de todas las personas que se quedaban embarcadas, Fausto permaneció a bordo, enfrentando toda la tormenta dentro de la cabina. Él tuvo sangre fría para hacer un video de los peores momentos de la tragedia  filmando todo que se pasaba a su vuelta a través de las ventanas del pilot-house. A pesar de no ser una persona particularmente religiosa, tuvimos que reír de las innumeras veces que pronunció: vállame Nuestra Señora! Podemos bien imaginar como andaba su estado de espíritu  en aquel momento. Entre las horripilantes narraciones en su video constaba el vuelo de un catamarán que paso a su lado de punta-cabeza, aunque otro yacht  desplegaba del hondo todas sus anclas derivando en la dirección de su barco.

Aterrado, imaginando una inminente destrucción de su barco, Fausto dejó la cabina vistiendo un traje de baño y ostentando un boat-hook en una de las manos, con el cual esperaba poder evitar una colisión frontal. Al salir de la cabina su traje de baño se infló como un balón, el que lo hizo volver al tambucho para sacarlo, y salir completamente nudo con su boat-hook, como un Neptuno de los tiempos modernos. Al constatar que sería imposible evitar una colisión, Fausto desprendió la cadena de su ancla, dejando el Guruçá derivar en dirección a un mangue, simplemente conduciendo el barco para un lugar desobstruido. Pocas semanas después de la tragedia Fausto consiguió reparar su velero de los pequeños daños ocurridos en su gobierno, dejándolo en perfectas condiciones para emprender el viaje de vuelta a Brasil. Eso él hizo en solitario quedando 21 días para ir de Saint Martin a Fernando de Noroña,  teniendo que soportar una ceñida impiedosa por casi todo el trayecto. De vuelta a Brasil, luego Fausto se tornó una celebridad, siendo invitado para entrevistas en la televisión y escribiendo materias para periódicos.  En un rato su barco se tornó un objeto de deseo, y, de golpe, pasó a ser propiedad de otra persona, el piloto de helicóptero  Marco Cianflonne.

Marco, un aventurero por vocación, deseaba ese velero, el cual fue re-bautizado Utopia, para dar una vuelta al mundo en solitario, y fue exactamente eso que él realizo, haciéndolo con increíble habilidad. Si un gato tiene siete vidas, no sabemos decir cuantas lo tiene el Utopia. Durante su vuelta al mundo, Marco sufrió una colisión contra una piedra a toda velocidad cuando navegaba en Indonesia, estaba anclado en una playa de Tailândia cuando el devastador tsunami que asoló aquel país atingió su barco en el limite donde las olas empezaban a romper y fue atacado por ballenas casi en el fin del viaje, teniendo causado daños al eje de propulsión del motor auxiliar. Con todos eses accidentes Marco completó su periplo sin pedir ayuda a nadie, y hoy su barco está listo a partir para cualquiera aventura.

La vuelta al mundo del Utopia. Fotos M. Cianflonne. Pulse em las fotos

Actualmente existen docenas de Cabo Horns 35 navegando u en construcción, la mayoría en Brasil (vea fotos en el home-page del proyecto), pero existen dos unidades en construcción en otros países, una en Navarra, España, y otra en Busan, Corea del Sur. En 2006 nuestra oficina decidió hacer una pequeña alteración en el proyecto para tornarlo más actual haciendo su parte trasera quedarse más ancha, y cambiando la inclinación de la pared frontal de la cabina, con el propósito de mejorar la visibilidad desde el interior cuando el sol se quede bajo en el horizonte.Y fueron solo esas modificaciones. Al fin modificar un proyecto tan especial sin respectar sus calidades puede ser un sacrilegio.

Por eso estamos seguros de estar preservando ese velero para las próximas generaciones de cruceristas. En 2010 re-introducimos el proyecto como Cabo Horn 35 MKII estando seguros que él continuara siendo uno de los más fantásticos veleros de treinta y cinco pies para realizar cruceros radicales.